22 julio 2005

CAMBIOS EN EL PP. Política

Parece ser que se avecinan cambios en el PP. Rajoy se ha dado cuenta de que hay piezas que no funcionan como él pensaba, y que más vale poner en el campo a los mejores, que a los fieles amigos de uno. Ha tenido que ser Piqué el que haya espoleado al resto del partido frente a la autocomplacencia. Me encantó una frase que leí el otro día: “hay gente que le pone cara al fracaso”. En el Partido Popular el fracaso lo ponen sus cabezas visibles, y todos los dedos apuntan a Zaplana y Acebes. La opinión pública los relaciona intuitivamente con los últimos días del aznarísmo, especialmente al ex ministro del interior. En cambio, lo de Zaplana no acabo de entenderlo. Siempre impecable de tono, de forma y de hábito: nadie más en la política se hace las camisas a la medida con cuello inglés. Pero lo de Acebes es bastante evidente. Como diría mi abuelo: “este no vende ni un puchero”. Se expresa deficientemente, es lento de verbo, con una mirada poco convincente y sin argumentos propios. Sus palabras no convencen ni a su propios ni a los extraños; es más, en este momento representa el mayor lastre de imagen del PP.

Así las cosas, y una vez que el presidente del partido a dicho en voz alta que hará los retoques que entienda necesarios, vuelve Piqué a escena sembrando el terreno. El líder del PP catalán aspira a absorber a cierto sector social sobre la base de un ideario renovado, o incluso confeccionado ad hoc. Dice que el PP necesita un “discurso complejo, orientado hacia segmentos diferentes de la sociedad”. Sin embargo, no tengo duda de que Piqué, en esto, se pasa de ingenuo y de imprudente: ¿en serio cree que el PP en Cataluña puede sacar algún rédito electoral sustancioso?

Mucho más arriesgada es la doctrina de hacer un nuevo discurso “a la carta” de quines no le votan a él. El mejor ejemplo lo tenemos en el PSOE- PSC de Maragall, al que todos tuvimos por un socialista nacional, pero que ha resultado ser tan nacionalista como esos otros que todos conocemos, abonado por la política del “besos para todos” de ZP, al que lo mismo le da decirle sí al Frente Polisario que al morito Mohamé, por poner un ejemplo de coherencia. El riesgo que entraña inventarse un programa político para cazar votos es la pérdida de la identidad de partido y, con toda probabilidad, la pérdida de coherencia, como le ha sucedido al PSOE.

Por eso, está bien que Piqué le haya pegado un pisotón a Rajoy por debajo de la mesa, pero de ahí a que se erija en el adalid de la regeneración programática del PP va un trecho. Una cosa es Cataluña, y otra muy distinta el resto de España.

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