16 diciembre 2005

FOMENTAR LA PRODUCTIVIDAD. Política

Durante la época de Aznar, se ideó una táctica legal tan útil para el Gobierno como incordiante para los juristas: la de acompañar cada Ley de Presupuestos de otra paralela que contenía normas del más variado pelaje y filiación. Se trataba de la denostada (y destronada) “Ley de medidas fiscales, administrativas y de orden social”, más conocida como “Ley de acompañamiento”, por motivos obvios. La Ley de acompañamiento, siempre publicada en plenas vacaciones navideñas, era un auténtico coladero: desde declaraciones de utilidad pública de asociaciones, hasta modificaciones sustanciales en la legislación hipotecaria, pasando por la fijación de precios de lo hidrocarburos, modificaciones de la Ley de aguas y un ciento de cosas más.

Sin embargo, la “Ley de medidas” tenía los días contados. ZP prometió que este totum revolutum cesaría definitivamente en su mandato. Y en efecto, así ha sido. No se puede decir que Rodríguez no cumpla sus promesas. Ahora las cosas son distintas, se nota el talante. Ha dejado de existir la Ley de acompañamiento pero, oh sorpresa, se han inventado una nueva denominación inexpugnable a todo intento de exégesis semántica: “ley para el impulso de la productividad” (sic). Otro apaño legal que, fiel a su antecesora, incorpora otras tantas normas también de la más diversa naturaleza, como el sistema energético, la biomasa, residuos radiactivos, mercado del tabaco, pompas fúnebres, “destinos turísticos maduros” (¿?), y de nuevo una amplia reforma del sistema hipotecario español. A ello hay que añadir otra Ley, también para el "fomento de la productividad", pero de carácter fiscal, que toca nada más y nada menos que los impuestos de sociedades, IVA e IRPF, entre otros.

ZP cumple, ¿o no? Pues claro: la ley de acompañamiento ya no existe. Ahora existe otra, pero esta es mucho mejor, dónde va a parar. Y es mejor por dos razones de enorme magnitud: primero, ya no se denomina “Ley de medidas…”, lo cual es una innovación de una trascendencia cósmica; y segundo, ya no nos la endiñan el día de los inocentes: ahora no tiene fecha fija, lo cual también debe ser tenido en cuenta, porque una cosa es que el Gobierno anterior te esperase con la escopeta cada diciembre, y otra muy distinta es que te embosquen a mediados de año. Mucho mejor esto, hombre.

¡Ay! Qué bondadoso es ZP, desde luego, no sé por qué le critica tanto la gente: prometió una cosa y la ha cumplido con escrúpulo. Nada más por esto ya se merece que le votemos, hala!

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