28 diciembre 2005

LA ESCENITA. Sociedad

Llevo más de un mes algo sorprendido por las opiniones que algunos han formulado respecto de una de las escenas de la última entrega de “Torrente”. La escenita es aproximadamente esta: don Jose Luis Torrente, con gran sentido de ayuda al prójimo, permite que un colega suyo y su novia (una drogadicta marginal) se queden en su casa temporalmente. A esto que llega Torrente, ve que la novia de su amigo está dormida en el sofá y sin pensárselo dos veces, le baja los pantalones a media altura del culo, se baja él la bragueta y en una supuesta “violación” que dura unos 5 segundos de reloj, la peña ha llegado a la conclusión de que es “inmoral”, “aberrante”, y todo lo que se quiera. Me parece que nos estamos haciendo viejos. Con lo que nos reíamos con Torrente, y ahora empezamos a ponerle reparos éticos.

En cualquier caso, la escenita hay que verla. Particularmente, yo me descojoné, qué les voy a decir. Muchos otros en cambio, no han tenido más remedio que taparse la nariz ante la “afrenta moral” de Santiago Segura. Bueno. La cuestión es que todo esto me ha hecho reflexionar sobre el concepto de “lo moral” y “lo ético”. Y me ha hecho reflexionar porque alguna de las personas que me han revelado su indignación, son gente de mi más entera admiración intelectual, exentas de cualquier beateria o gazmoñería alguna, y muy especialmente cuando me han confesado que su impresión es ajena a la de Fernando Sabater (que es por donde ha crecido el tema).

Lo único que he podido concluir es que los grados de “lo moral”, y en qué asuntos, se nos presentan de forma diferente a cada cual. Me explico, uno puede pensar que la escenita descrita representa una violación en toda regla, inadmisible, y además alevosa (esto es, la que se lleva a cabo prevaleciéndose de la posición de indefensión de la víctima), mientras otros, en cambio, hemos visto la secuencia como una más de las gamberradas de Torrente enmarcada en el propio contexto del chiste zafio y ácido (pero de carcajada inmediata), urdida dentro la retahíla de este tipo de chistes escenificados.

Lo que más me ha extrañado, y por eso lo digo aquí, es que la gente se haya escandalizado tanto con esta torrentada y no hayan hecho objeción alguna sobre todas las restantes. “Torrente”, en sus tres filmes, esta cuajada de abusos a minusválidos, deficientes mentales, tarados, prostitutas, discapacitados, vagabundos, marginados y drogadictos. Rezuma racismo, xenofobia, incluso anticalatanismo, y todo aquello considerado “políticamente incorrecto”. De ahí que me cueste creer que la escenita haya causado tanto furor y el resto no haya sido criticado, sino más bien, todo lo contrario. Por eso no me encaja. Si nos ponemos a censurar, supongo que la primera escena de “Torrente 1” ya sería una banalización del alcoholismo, ¿no?, y la siguiente (mientras Torrente apatrulla la ciudad con su 124) una exaltación del proxenetismo; y la siguiente, del racismo, y la siguiente de la omisión del deber de socorro, y así en adelante. Vamos, que no me encaja, ya digo.

Por eso, determinar dónde está el limite entre “lo moral” y aquello que no lo es, no es que sea difícil, sino que es imposible, ya que responde a la percepción que cada uno tiene del mundo. Posiblemente, en los países africanos en los que el asesinato es impune y en los que los niños juegan con fusiles de guerra, la muerte, la violación o la tortura son “morales” porque la muerte, la violación y la tortura pertenecen a la vida misma, es decir, son un ingrediente de su sociedad. Existen, se producen y se reproducen. No hay motivo ni fuerza moral para impedirlos. En cambio, “la moralidad” en los países desarrollados se halla situada varios escalones por encima, pero no porque la naturaleza del “hombre occidental” no sea violenta (que también lo es) sino porque hay alguien que lo impide. Es decir, porque tales conductas están duramente reprimidas. ¿Pero el asesinato está sancionado porque es inmoral? o ¿es inmoral porque la ley lo prohíbe? Seguramente ambas afirmaciones se necesitan la una a la otra. Por eso existen.

Así que, recomiendo a todos estos “espíritus sensibles” que se vayan a ver la reposición de “Sonrisas y lágrimas” que es “para todos los públicos, sin reparos”. Aunque bien pensado…, Julie Andrews tiene un morbazo…, y con los críos por ahí, uy madre… ¿Corrupción de menores? Dejen, dejen… Mejor “Espartaco”, que esa sí que no tiene doblez alguna.

P.D. Dedicado al Neng de Sants, que ese sí que es un auténtico Torrente!

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