26 mayo 2005

DEL ESTADO DE DERECHAS AL ESTADO DE DERECHO. Política

Antes, aquí en España vivíamos sometidos a un régimen dictatorial en el que los derechos y las libertades fundamentales del ser humano se encontraban eventualmente vulnerados, en el que el imperio de la voluntad del dictador hacía depender nuestra suerte del capricho de las más arbitrarias excusas. Un estado de semi-excepción, con toque de queda, juicios sumarísimos e intervensionismo estatal hasta el más mínimo ámbito de nuestra libertad. En el que, además, el imperio de la Ley era puramente circunstancial y ficticio. En fin, una situación inaceptable, draconiana.

No, no me refiero al franquismo, sino al aznarismo. Ya nos lo recordó nuestro redentor ZP: hemos pasado de un Estado de derechas a un Estado de Derecho. Magnífica alegoría de este tránsito divino y liberatorio al que nos transido nuestro líder. Ahora sí que vivimos en un auténtico Estado de Derecho, sin duda. Todo se lo debemos a ZP que ha instaurado este espléndido régimen democrático que deja atrás definitivamente el de Aznar, culpable de todas y cada una de nuestras desdichas y males.

Ahora sí se reconocen los derechos básicos de los ciudadanos (y de los que no los son). Por poner un ejemplo, ahora existe la posibilidad de manifestarse públicamente sin cortapisas y sin que nadie tenga nada que temer por tomar parte en ella. Ya no existen las detenciones políticas en las que, como sabemos por la infinidad de casos que nos dejó el aznarismo, uno podía ser detenido sin que se le leyeran sus derechos y en los que, en función de las sospechas que tuviera la autoridad competente (pongamos un Delegado del Gobierno) sobre la filiación política del detenido pudiera serle imputado cualquier delito, falta o causa. Ahora ya no. ZP ha iluminado de derechos nuestra modesta patria (si es que puede llamarse así) y sus delegados, comisarios, inspectores y demás esbirros se someten al más estricto de los controles de legalidad y transparencia, como nos prometió nuestro salvador. Ya no existen los dobles expedientes policiales, las declaraciones falsas enmendadas, la opacidad policial ni las escaramuzas para inculpar a los opositores al régimen. En cambio, con Aznar esto pasaba todos los días.

Por eso, el hecho de que el comisario que ordenó detener e interrogar a dos miembros del PP madrileño (que propinaron una brutal paliza a Bono, como todo el mundo sabe y vio) haya sido imputado por el Juez de Instrucción (penal) nº 14 de la capital es una menudencia sin la más mínima relevancia. Una insignificante anécdota.

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