07 agosto 2005

DESTRUCCIÓN MASIVA. Política

En mi constante búsqueda de la verdad, entiendo que se puede reconocer sin ambages que, por lo visto, en Irak no había armas de destrucción masiva. Creo recordar que el ejército norteamericano lo más que halló fue un camión destartalado en el que debían hacer ensayos químicos allá por la época del Sultán Alí Reza Pasa. Así que, la verdad es que nadie ha encontrado las famosas armas.

Por otro lado, y sin que venga al caso, la verdad es que la insurgencia ha acabado con la vida de más de un millar de soldados estadounidenses, de unos 2.100 civiles en lo que llevamos de año, de 800 policías y de 310 soldados iraquíes. Imagino que se los habrán cargado a pedradas, porque como la verdad es que armas no aparecieron nunca, pues…

De otra parte, y sin que tampoco tenga nada que ver con lo anterior, el día 1 de este mes de agosto, Europa Press envió a las redacciones de los medios el siguiente teletipo: “El Ministerio de Defensa afgano anunció ayer el hallazgo de un impresionante depósito de armas en la provincia de Ghazni, en el centro del país. El arsenal contiene 2.000 misiles tierra-tierra, 3.000 cargas de mortero, 500 municiones de artillería y 100 cajas de proyectiles antiaéreos, informó el portavoz del Ministerio, Mohamed Saher Azimi. Las armas estarían dispuestas a ser utilizadas para sabotear las elecciones legislativas previstas para el 18 de septiembre, según el Ministerio”. Es verdad, no es Irak, es Afganistán, pero lo cierto es que este arsenal no creo que lo fueran a emplear los chiítas (como se les ha llamado toda la vida) para las tracas de San José y la nit del foc.

El concepto de la verdad, tanto filosófica como prácticamente, es, pues, bastante más complejo de lo que creemos. Así que prescindiré de buscar denodadamente su esencia y me limitaré, como vengo haciendo en esta paginilla digital, a opinar sobre aquello de lo que sólo conocemos una pequeña porción de su verdad.

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