29 octubre 2005

COMPRA EN CATALÁ. Política

La imbecilidad de algunos llega más allá de la imaginación del más osado. La última burrada (no en sentido figurado, sino en el estricto) ha sido la campaña una la Web en la que los “usuarios y consumidores en lengua catalana” exponen detalladamente qué productos, y cuáles no, debe consumir el necio que les haga caso. La página, técnicamente, es una puñetera mierda, pero lo que importa aquí no es la forma, sino el fondo. Y el fondo viene indicado con un link que reza: “esta semana hay que comprar…”. Se abre una ventanita y en el margen izquierdo aparece una lista de productos: agua, café, congelados, etc. Se pueden (se deben) comprar unos y rechazar otros. Por ejemplo, se debe comprar agua “Rives”, pero se prohíbe beber “Font Vella”. ¿Por qué? Porque Font Vella no viene etiquetada en catalán, sino en el idioma del enemigo. Y antes es morir que perder la vida.

Carod se quejaba el otro día por el “odio étnico” (sic) hacia Cataluña. Pero no, “odio étnico” no se le tiene Cataluña; odio se le tienen a estas mamarrachas con las que, de cuando en cuando, nos marea algún iluminado salvapatrias como él.

Hace poco, también para preparar un artículo, entré en una Web de no sé qué, en la que se leía un enorme lema escrito en la parte central que decía: “somos anarquistas; no escondemos nuestra ideología; somos así”. Perfecto. Cada uno puede montarse una Web con el contenido que quiera y para lo que quiera (como es mi caso): para proclamarse anarquista, masón, del Opus, del Carabanchel F.C o de lo que coño quiera. Ahora bien, una cosa es expresar sus preferencias y otra muy distinta es decir qué hay que comprar y qué no. Uno puede decir desde su página que no compra Coca-Cola porque no lleva la etiqueta en catalán, porque no le gusta el color rojo, porque la hacen en Madrid y Madrid es la capital del franquismo (como todos sabemos) o porque, sencillamente, no le sale del nardo. Lo que no es lícito es que una asociación de consumidores organizada, patrocinada y apoyada por engendros del pelo de “Omnium cultural” la respalden y se afanen por hacer efectivas sus invectivas con la aquiescencia de la Administración.

En este caso, la discriminación de ciertos productos tiene como única razón acabar con la insumisión antitotalitaria de los que se encaran a ciertos sectores políticos de Cataluña que llevan años (¿décadas?) intentando que el tufo nacionalista se respire hasta en el último escondrijo de la libertad de pensamiento. Imaginemos por un momento (siempre recurro a esto para observar todas las perspectivas) que esta campaña hubiera sido ideada por cualquier target de la izquierda: véase Jiménez Losantos, La Razón o similares. A los cinco minutos Carod-Rovira (o como se llame) estaba dando una conferencia de prensa para comunicar su intención de recurrir al Tribunal de Derechos Humanos o a donde fuere menester. Amén, claro, de la consabida catarata de insultos recurrentes: facha, fascista, y otros del mismo género, que le resultan muy socorridos a todo aquel que quiere atacar a otro de ideas disímiles.

Tengamos cuidado con lo que decimos y seamos un poco más prudentes. Eso sí, la páginita en cuestión (www.racocatala.com/~compra/) debería cerrarla la Guardia Civil mañana por la mañana a primera hora, a más tardar.


Nota: el autor, mientras escribía esto, estuvo escuchando a Jauma Sisa y su “Congrés dels solitaris”, una delicia “feta a Catalunya”; uno de los productos catalanes que hay que consumir preferentemente... cuanto antes!


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